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by ana tiscornia, 2/2002

Alejandro Cesarco es tímido. El lo es, no su obra, pero este dato es relevante ya que ayuda a descifrarla, a verla como la estrategia decomunicación de un tímido; alguien que crea una suerte de elipsis visual para poder hablar de las cosas sin nombrarlas. Esconde la esencia en detalles de apariencia menor y opera como un artista conceptual, pero está mas interesado por lo que se encubre detrás del lenguaje que por el lenguaje en si, mas movido por la persona que por el concepto, mas afectado por el texto que por el arquetipo.

En realidad, en su actitud hay una determinada perversión del Conceptualismo ortodoxo, porque Cesarco lo usa como un tratamiento de superficie, no a la manera de un formalista, sino como una representación consciente de serlo. Una representación que habla de la cara oculta detrás de la apariencia, y lo hace como podría hacerlo un coro en el que cada voz tuviera su propia letra, pudiendo una referirse a las recurrencias y paradojas del arte mismo, y otra al tema especifico de lo personal que es el asunto abordado por Cesarco.

Recurrencias y paradojas del arte, porque esa es la perspectiva desde la que repite los gestos del conceptualismo; solo que en el presente de un post-conceptual -que es lo que el es-, esos gestos son la materia prima de sus "pinceladas". La otra voz, digo que incurre en lo personal, porque el índice, el retrato, la carta, el libro, el juego con reglas, a los que recurre Cesarco, no se proponen para un análisis de convenciones, sino que son prácticas propiamente dichas, de ordenamiento, clasificación, catalogación; sucedáneos del ejercicio amoroso. Son en definitiva, un recuento, una invocación, una reivindicación de lo personal. Es así que sus obras se complementan unas a otras y todas constituyen partes de un glosario que es él mismo.

La instalación que presenta en esta oportunidad, consiste de una serie de fotografías de papeles con los que se forran los sobres de carta. A estas imágenes colgadas en dos muros opuestos, Cesarco les intercala pequeñas articulaciones de palabras, referentes de posibles mensajes, fragmentos elegidos de la parte interpersonal del discurso epistolar: atentamente, saludos, te quiero, mis mejores deseos, etc. Una diapositiva proyectada fija en la pared perpendicular, muestra el rostro de una joven cada día un poco mas desvanecido e inaccesible por la alteración que la luz y el calor del proyector le hacen a la foto. Otra vez, un acoplamiento basado centralmente en los contenedores de la comunicación: el texto, la imagen, y el sobre, que se exponen en una rearticulación poética hablando de lo inaprensible. El pattern del sobre es una nueva superficie, una suerte de piel que toco, no las palabras que están, sino las emociones que se escabullen entre las palabras que sólo existen en la imaginación del espectador, y en el color perdido de la joven que se escapa a cada nueva mirada. Todo es un juego que conspira contra el querer ver, de la misma manera que este pattern impediría cureosear el contenido del sobre. Pero igualmente empuja a persistir en la satisfacción del impulso. De esta forma Cesarco, logra instalarnos en el complejo territorio del deseo y sus esquives.